(en castellà ) PDF Imprimeix Correu electrònic
Escrit per Alan Woods i Rob Sewell   
diumenge, 20 de gener de 2008 08:10

Introducción a la teoría económica de Marx

 

Este texto ha sido redactado por los marxistas británicos Rob Sewell y Alan Woods, a comienzos de los años 70. En la traducción hemos conservado las referencias a la economía inglesa, como por ejemplo los nombres de las empresas capitalistas británicas. Sólo hemos hecho una excepción: en los ejemplos donde aparecen valores monetarios, hemos reemplazado la libra esterlina por el euro, de manera que la demostración sea lo más clara posible.

 

Introducción

 

Bajo el impacto de la crisis capitalista muchos trabajadores se interesan por la economía. Quieren comprender las fuerzas que gobiernan su existencia. El objetivo de este texto es el de ofrecer, no una exposición completa de la teoría económica, si no una introducción a las leyes elementales del funcionamiento del sistema capitalista.

La superficialidad de los economistas pro-capitalistas se revela por su incapacidad de entender la crisis que golpea su sistema. Su papel es el de disimular la explotación de la clase obrera y de “probar” la superioridad del sistema capitalista. Pero sus “teorías” y “soluciones” no pueden hacer frente a la podredumbre del capitalismo. Sólo la transformación socialista de la sociedad y la introducción de una economía planificada permitirán acabar con el infierno del paro, las recesiones y el caos.

El ala derecha de la dirección del movimiento obrero ha reemplazado Keynes, su viejo ídolo, por soluciones económicas “ortodoxas”: recortes presupuestarios, restricción de los salarios y deflación monetaria. Por otro lado, los reformistas de izquierdas se agarran siempre a políticas capitalistas del pasado -recuperación mediante el consumo, restricción de las importaciones (1), etc.- que ya han demostrado su completa ineficacia.

Sólo un análisis marxista del capitalismo permitirá a los trabajadores conscientes refutar las mentiras de los economistas burgueses y de combatir su influencia en el seno del movimiento obrero.

 

Las condiciones necesarias para la existencia del capitalismo

 

La producción moderna está concentrada en manos de empresas gigantescas. Unilever, ICI, Ford, British Petroleum: Estas grandes firmas dominan nuestras vidas. Es verdad que existen pequeñas empresas, pero representan el modo de producción del pasado, no el del presente. La producción moderna es esencialmente masiva, a gran escala.

Hoy, en Gran Bretaña, 200 empresas y 35 bancos (o compañías financieras) controlan la economía del país, siendo responsable del 85% de la producción nacional. Este desarrollo se ha llevado a cabo a lo largo de los últimos siglos a través de una competencia despiadada, de crisis y de guerras. En la época en que los economistas clásicos predecían el auge del “libre mercado”, Marx explicó como la competencia desembocaría en el monopolio, siendo eliminadas las empresas más débiles.

En un primer momento, podría parecer que la producción de los bienes está ante todo destinado a satisfacer las necesidades de la población. Es evidentemente una necesidad a la cual debe responder cualquier forma de sociedad, sea cual sea. Pero bajo el capitalismo, los bienes no son simplemente productos para satisfacer las necesidades: están ante todo para ser vendidos. Esta es la función esencial de la industria capitalista. Como dijo Lord Stokes, antiguo presidente de British Leyland: “Yo hago dinero, no coches”. Es una expresión perfecta de las aspiraciones del conjunto de la clase capitalista.

El modo de producción capitalista supone que un cierto número de condiciones sean dadas. Muy en primer lugar hace falta que exista una amplia clase de trabajadores sin propiedad (2), que en consecuencia se vean obligados a vender su fuerza de trabajo para vivir. Esto significa que, bajo el capitalismo, la concepción liberal de una “democracia de propietarios” es un absurdo, pues si la masa de la población poseyese suficientes propiedades para satisfacer sus propias necesidades, los capitalistas no encontrarían trabajadores para generar sus beneficios.

En segundo lugar, los medios de producción deben estar concentrados en las manos de los capitalistas. A lo largo de muchos siglos, los pequeños campesinos y todos aquellos que poseían sus propios medios de subsistencia fueron despiadadamente eliminados. Los capitalistas y los grandes propietarios de tierra arrebataron sus medios de subsistencia, y contrataron a los trabajadores para trabajar y crear plusvalía.

¿Como funciona el capitalismo? ¿De que manera son explotados los trabajadores? ¿De donde sale el beneficio? ¿Porque tiene crisis?

Para responder a estas preguntas, es necesario antes que nada descubrir la clave del problema, es decir responder a la pregunta: ¿Qué es el valor? Una vez este misterio sea dilucidado, podremos deducir el resto. La comprensión de que es el valor es esencial para la comprensión de la economía capitalista.

Para empezar todas las empresas capitalistas producen bienes o servicios, o más exactamente mercancías, es decir bienes o servicios que no son más que productos para ser vendidos. Sin duda, pueden producirse cosas para uso personal. Antes del advenimiento del capitalismo, eso era lo que hacían muchas personas. Pero esos productos no eran mercancías. El capitalismo se caracteriza en primer lugar, según la expresión de Marx, por una “inmensa acumulación de mercancías”. Es por esta razón que Marx comenzó sus investigaciones sobre el capitalismo por un análisis de las características de la mercancía.

Toda mercancía tiene un valor de uso: es útil al menos para ciertas personas (sin la cual no podría ser vendida). El valor de uso de una mercancía se limita a sus propiedades físicas.

Pero además de este valor de uso, toda mercancía tiene igualmente un valor de cambio. ¿Qué es este valor y como lo determinamos?

Si, de momento, hacemos abstracción de la cuestión del dinero, constatamos que las mercancías se cambian siguiendo ciertas proporciones. Por ejemplo:

 

1 par de zapatos

 

o 1 un reloj

                                         = 10 metros de tejido              

o 3 botellas de güisqui

 

o 1 rueda de coche

 

Cada uno de los bienes de la columna de la izquierda puede ser cambiado por 10 metros de tejido. Siguiendo las mismas proporciones, pueden igualmente cambiarse unas por otras.

Este simple ejemplo muestra que el valor de cambio de estas diferentes mercancías expresa una cierta equivalencia de algo contenido en ellas. ¿Pero que hace que un par de zapatos = 10 metros de tejido? ¿O que un reloj = 3 botellas de güisqui y así sucesivamente?

Esta claro que debe haber alguna cosa común a estas diferentes mercancías. Evidentemente no es su peso, su color o su consistencia. Y una vez más, no es nada que tenga que ver con su utilidad. Después de todo el pan (una necesidad) tiene mucho menos valor que un Roll Royce (que es un producto de lujo). Entonces, ¿cual es la cualidad que les es común? La única cosa que tiene en común, es el hecho de ser productos del trabajo humano.

La cantidad de trabajo humano contenido en una mercancía se expresa en tiempo: semanas, días, horas, minutos. Dicho de otra manera,  todas las mercancías citadas en nuestro ejemplo pueden ser expresadas en términos de lo que tienen en común: el tiempo de trabajo. Así:

 

5 horas (de trabajo) de zapatos

 

5 horas (de trabajo) de rueda de coche

 

5 horas (de trabajo) de reloj

 

5 horas (de trabajo) de güisqui

 

 

El trabajo

 

Si se considera las mercancías en tanto que valores de uso (en tanto que son útiles), las vemos como productos de un tipo de trabajo particular, el trabajo del zapatero, del relojero, etc. Pero en el cambio, las mercancías son consideradas de manera diferente. Su carácter específico es apartado a un lado y aparecen como otras tantas unidades de trabajo en general, o una vez más “trabajo medio”.

Es verdad que las mercancías producidas por trabajo cualificado contienen más valor que aquellas producidas por trabajo no cualificado. En consecuencia, en el cambio, las unidades de trabajo cualificado se reducen a una suma de unidades de trabajo no cualificado. Dicho de otra manera, siguiendo el ejemplo, el trabajo cualificado valdrá tres veces más que el trabajo no cualificado.

Así, el valor de una mercancía está determinada por la cantidad de “trabajo medio” necesario para su producción (o sea el tiempo de trabajo que hace falta para producirla). Pero si nos quedamos ahí, ¡puede parecer que los trabajadores más lentos producen más valor que los trabajadores más eficaces!

Tomemos el ejemplo de un zapatero que, para producir sus zapatos, utilice los métodos obsoletos de la edad media. Haciendo esto, le hace falta toda una jornada para fabricar un par de zapatos. Y como prueba de venderlos en el mercado se da cuenta que no puede sacar más, en términos de precio, que los zapatos parecidos producidos por talleres modernos y mejor equipados.

Si tales talleres modernos producen un par de zapatos en, digamos, una media hora, estas costarán menos trabajo (pues tienen menos valor), y serán vendidas a menos precio. Entonces el que fabrica sus zapatos parecidos con métodos medievales pronto se arruinará. Después de una media hora, el trabajo que realiza para producir sus zapatos es trabajo perdido, trabajo no necesario dentro del marco de las condiciones de producción modernas. Si quiere escapar a la quiebra, estará forzado a adoptar las técnicas modernas y a producir zapatos en un tiempo al menos igual al desarrollado por la sociedad.

A cada época dada le corresponde un “trabajo medio” determinado por un cierto nivel de la técnica, de los métodos de producción, etc., todas las mercancías exigen para su producción un tiempo dado. Este tiempo está determinado por el nivel de la técnica productiva de la sociedad en ese momento preciso. Como dijo Marx, todas las mercancías deben ser producidas en un tiempo de trabajo socialmente necesario. Todo tiempo de trabajo que se extienda más allá de este tiempo de trabajo socialmente necesario será trabajo inútil, la cual cosa produce el alza de los precios y convierte ese producto en no competitivo.

En resumen, para ser precisos, el valor de una mercancía está determinada por la cantidad de trabajo socialmente necesario que tiene incorporado. Naturalmente, este tiempo de trabajo cambia continuamente, a medida que los nuevos métodos y técnicas de trabajo son introducidos. La competencia arruina a los productores la técnica de los cuales no evoluciona lo suficientemente rápido.

Así, podemos comprender porque las piedras preciosas tienen más valor que las mercancías cotidianas. Hace falta más tiempo de trabajo socialmente necesario para encontrar y extraer la piedra que para confeccionar las mercancías ordinarias. Su valor en consecuencia es más grande.

Una vez más, una cosa puede ser un valor de uso sin tener el menor valor de cambio, es decir una cosa útil que no ha requerido ningún tiempo de trabajo necesario en su producción: el aire, los ríos, los suelos vírgenes, etc. Así, el trabajo no es la única fuente de riqueza (de valores de uso): la naturaleza es otro.

Después de lo dicho, vemos que un aumento de la productividad, si aumenta el nombre de cosas producidas (la riqueza material), puede reducir el valor de las cosas en cuestión, porque contendrán menos cantidad de trabajo. Así, un aumento de la productividad resulta en un aumento de la riqueza: con dos mantas, dos personas se pueden vestir, y sólo una con una manta. Sin embargo, el aumento de la cantidad de riquezas materiales puede ser acompañado de una caída de su valor de cambio, porque ella contiene menos tiempo de trabajo socialmente necesario.

 

El dinero

 

Históricamente, debido a las dificultades ligadas al cambio mediante trueque, un tipo de mercancía dada ha sido frecuentemente utilizada como “moneda”. Con el paso de los siglos, una de estas mercancías, el oro, se ha impuesto como  el “equivalente universal”.

En lugar de decir que tal mercancía vale tanta mantequilla, tanta carne o tanto tejido, esta es expresada en términos de oro. El precio es la expresión monetaria del valor. El oro fue adoptado como equivalente universal debido a sus características. Concentra un gran valor en poco volumen, puede ser fácilmente dividido en cantidades diferentes, y es además muy resistente.

Como para toda mercancía, el valor del oro está determinado por la cantidad de trabajo que tiene incorporado. Digamos, por ejemplo, que hace falta 40 horas de trabajo para producir una onza de oro. Desde ese momento, todas las otras mercancías que necesitan el mismo tiempo de producción valdrán una onza de oro. Las que necesiten dos veces menos tiempo valdrán dos veces menos, etc. Así:

 

Una onza de oro = 40 horas de trabajo

 

½ onza de oro = 20 horas de trabajo

 

¼ onza de oro = 10 horas de trabajo

Y por tanto:

 

Una mobylette (40 horas de trabajo) = una onza de oro

 

Una mesa (10 horas de trabajo) = ¼ onza de oro

 

Debido a las modificaciones permanentes de la técnica y del aumento de la productividad del trabajo, los valores de las mercancías no cesan de fluctuar. En lo que concierne al cambio entre mercancías, el oro juega el papel de medida. Dicho esto, aunque el oro es la más estable, su valor también está en constante movimiento, debido a que ninguna mercancía tiene un valor totalmente fijo.

 

El precio de las mercancías

 

La ley del valor gobierna la ley de los bienes. Como hemos explicado más arriba, el valor de una mercancía es igual a la cantidad de trabajo que contiene. Y en teoría, el valor es igual al precio. No obstante, en realidad, el precio de una mercancía tiende a situarse por encima o por debajo de su valor real. Esta fluctuación está provocada por diferentes influencias que se ejercen sobre los precios de venta, como la concentración de capital y el desarrollo de monopolios. Las fluctuaciones entre la demanda y la oferta son igualmente un factor importante. Si hay un excedente de determinada mercancía en el mercado, el precio tenderá a bajar por debajo de su valor real, aunque puede pasar que se eleve por encima de este valor en caso de escasez. Esto ha llevado a los economistas burgueses a considerar que la relación entre oferta y la demanda era el único factor que determinaba el precio de una mercancía. Pero han sido incapaces de explicar porque el precio fluctúa siempre alrededor de un cierto punto determinado. Ahora bien, este punto no está fijado por la oferta y la demanda, si no por el tiempo de trabajo necesario para la producción de una mercancía. Un camión valdrá siempre más caro que un saco de plástico.

 

El beneficio

 

Determinados “sabios” defienden la teoría según la cual los beneficios vienen del hecho de vender más caro de lo que compramos. En Salario, precio y ganancia, Marx explica el sin sentido de este argumento:

“Lo que uno ganase constantemente como vendedor, tendría que perderlo continuamente como comprador. No sirve de nada decir que hay gentes que son compradores sin ser vendedores, o consumidores sin ser productores. Lo que éstos pagasen al productor tendrían que recibirlo antes gratis de él. Si una persona toma vuestro dinero y luego os lo devuelve comprándoos vuestras mercancías, nunca os haréis ricos, por muy caras que se las vendáis. Esta clase de negocios podrá reducir una pérdida, pero jamás contribuir a obtener una ganancia.”

 

La fuerza de trabajo

 

Cuando se toman en consideración los diferentes “factores de producción” relativos a la marcha de su empresa, el capitalista considera la “marcha del trabajo” como una rama entre otras de la marcha general. Las habilidades y capacidades de los trabajadores no son para él más que objetos, mercancías entre otras. Así el patrón contrata “brazos”.

Aquí es necesario establecer claramente lo que el capitalista compra al trabajador. De hecho este último no vende su trabajo, si no su capacidad de trabajo, que es lo que Marx llamó su fuerza de trabajo.

La fuerza de trabajo es una mercancía el valor de la cual está sometida a las mismas leyes que las demás mercancías. Este valor está también determinado por el tiempo de trabajo necesario para su producción. Ahora bien, la fuerza de trabajo es la capacidad de trabajo del asalariado. Es “consumida” por el capitalista en el transcurso de la jornada de trabajo. Pero esto presupone la existencia, la salud y la fuerza del trabajador. En consecuencia, la producción de la fuerza de trabajo significa el “mantenimiento” del trabajador; y su reproducción, que proveerá al capitalista una nueva generación de “brazos”.

Así, el tiempo de trabajo necesario para el mantenimiento del trabajador, de su aptitud para trabajar, es igual al tiempo de trabajo necesario para la producción de sus medios de subsistencia y los de su familia: la comida, los vestidos, la vivienda, etc. La cantidad que esto representa varía según los países, los climas y los periodos históricos. Lo que es suficiente para la subsistencia de un trabajador de Calcuta no será suficiente para un minero galés. Lo que es suficiente para la subsistencia para un minero galés hace medio siglo no será suficiente para un metalúrgico de nuestros días. A diferencia de otras mercancías, entra aquí un elemento histórico e incluso moral. Dicho esto, en un país dado, en un estadio dado del desarrollo histórico, un “nivel de vida” general se establece. Dicho sea de paso, es precisamente la creación nuevas necesidades el motor de todas las formas de progreso humano.

 

¿Robo?

 

En un cierto estado de desarrollo de la técnica capitalista, además de la reproducción cotidiana de la fuerza de trabajo y de la clase de trabajadores, el capitalista debe igualmente a de proporcionar  a los asalariados el nivel de educación que requieren para la industria moderna, lo que permite mantener y aumentar su productividad.

A diferencia de otras mercancías, la fuerza de trabajo sólo se paga después de haber sido consumida. Así antes de recibir su paga a fin de mes, los trabajadores acuerdan por así decirlo, ¡un prestamos gratuito a los patronos!

Pero a pesar de esto, el trabajador no es estafado. El ha dado libremente su consentimiento al acuerdo al que han llegado. Como es el caso de todas las mercancías, valores equivalentes son cambiados: la mercancía del trabajador, su fuerza de trabajo, ha sido vendida al patrón a “precio de mercado”. Todo el mundo está satisfecho. Y si el trabajador no lo está es libre de irse a otro lugar a buscar trabajo, si puede.

Dicho esto, la venta de la fuerza de trabajo supone un problema. Si “nadie es estafado”, si el trabajador recibe, en forma de salario, el pleno valor de la su mercancía, ¿en que consiste la explotación? ¿De donde sale el beneficio que realiza el capitalista?

La explicación reside en que el asalariado ha vendido, no su trabajo (que ha realizado en el proceso de trabajo), si no su fuerza de trabajo – su capacidad de trabajar. Una vez que el capitalista hace la adquisición, es libre de consumirla como le plazca. Como explicaba Marx: “desde el momento que el asalariado entre en su lugar de trabajo, el valor de uso de su fuerza de trabajo, así como su uso, que consiste en trabajo, pertenece al capitalista.”

 

La plusvalía

 

Como veremos en el ejemplo siguiente, la fuerza de trabajo que compra el capitalista es la única mercancía que, después de su consumo, produce un suplemento de valor más allá de su propio valor.

Tomemos, por ejemplo, un trabajador que hila algodón. Admitamos que le pagan 5 euros la hora y trabaja 8 horas por día. Al cabo de 4 horas, ha producido una cantidad dada de hilo por un valor 100 euros. Este valor de 100 euros puede ser dividido así:

 

Materias primas: 50 euros (algodón, broca de la bobina, electricidad)

 

Deterioro: 10 euros (uso y roturas)

 

Nuevo valor: 40 euros.

 

El nuevo valor que ha sido creado en 4 horas permite pagar el salario del trabajador por las 8 horas de su jornada completa. En este momento, el capitalista a pues cubierto todos sus gastos incluido la totalidad de la “carga salarial”. Pero de momento, ninguna plusvalía (beneficio) ha sido aun creada.

En el transcurso de las 4 horas siguientes, el asalariado va a producir nuevamente 50 kilos de hilo del mismo valor: 100 euros. Y nuevamente, 40 euros de valor habrán sido creados. Pero esta vez los gastos en salario ya han sido cubiertos. Así, este nuevo valor (40 euros) es una “plusvalía”. Como decía Marx, la plusvalía (o beneficio) es el trabajo impagado a la clase obrera. Del trabajo impagado proviene la renta del propietario rural, los intereses del banquero y el beneficio del industrial.

 

La jornada de trabajo

 

El secreto de la producción de la plusvalía reside en el hecho que el trabajador continúa su trabajo mucho tiempo después de haber producido el valor necesario para la reproducción de su fuerza de trabajo (su salario). “el hecho que en media jornada de trabajo sea suficiente para mantener al trabajador en vida no impide en absoluto que trabaje la jornada completa” (Marx)

El trabajador ha vendido su mercancía y no puede compadecerse de la manera que es usada, de la misma manera que el sastre no puede vender un vestido y pedir a su cliente que no lo lleve tan frecuentemente como lo necesite. Por consiguiente, la jornada de trabajo está organizada por el capitalista de manera que pueda sacar el máximo de beneficio de la fuerza de trabajo que ha comprado. En esto reside el secreto de la transformación del dinero en capital.

 

El capital constante

 

En la producción las máquinas y las materias primas, ellas mismas, pierden su valor. Son progresivamente consumidas y transforman su valor en la nueva mercancía. Está claro en el caso de la materias primas (madera, metal, petróleo, etc.) que son complemente consumidas en el proceso de producción, para no aparecer más que en las propiedades del artículo producido.

Las maquina, por el contrario, no desaparecen de la misma manera. Pero se deterioran en el transcurso de la producción. Mueren lentamente. Es igual de difícil determinar la esperanza de vida de una máquina que la de un individuo. Pero del mimo modo que las compañías de seguros, gracias a los medios estadísticos, hacen cálculos muy precisos (y beneficiosos) sobre la esperanza de vida de los hombres y las mujeres, igualmente los capitalistas pueden determinar, por la experiencia y el cálculo,  cuanto tiempo una máquina debería ser útil.

El deterioro de las máquinas, la perdida cotidiana de su valor, es calculado sobre esta base y añadido al coste del artículo producido. En consecuencia, los medios de producción añaden a la mercancía su propio valor, en la medida que se deterioran en el transcurso del proceso productivo. Así, los medios de producción no pueden transferir a la mercancía más tiempo de valor de la que ellas pueden perder en el proceso de producción. Es por esto por lo que se las califica de “capital constante”.

 

El capital variable

 

Aunque los medios de producción no añadan ningún nuevo valor a las mercancías, sino que lo único que hacen es deteriorarse, la fuerza de trabajo añade nuevo valor por el propio acto de trabajo. Si el proceso de trabajo se parase en el momento en el que el asalariado ha producido artículos de un valor igual a la de su fuerza de trabajo (al cabo de 4 horas – 40 euros – en nuestro ejemplo) el valor suplementario creado por su trabajo se reduciría a esto.

Pero el proceso de trabajo no se para ahí. Si no, el beneficio del capitalista no equivaldría más que al salario que el debe entregar al asalariado. Ahora bien, los capitalistas no contratan a trabajadores por caridad si no para tener beneficios. Después de haber “libremente” aceptado trabajar para el capitalista, el asalariado debe trabajar bastante más tiempo para producir un valor superior a aquel que recibirá bajo la forma de salario.

Los medios de producción (máquinas, equipos, edificios, etc.) y la fuerza de trabajo – los dos considerados como “factores de producción” por los economistas burgueses – representan las diferentes formas que toma el capital original en la segunda etapa de su proceso de producción capitalista: dinero (compra) – mercancía (producción) – dinero (venta).

Los economistas burgueses consideran estos factores como equivalentes. El marxismo distingue entre la parte del capital que no manifiesta ningún cambio de su valor durante el proceso de producción (las máquinas, los utensilios y las materias primas), a saber el capital constante (C), y la parte, representada por la fuerza de trabajo, que crea el nuevo valor, es decir el capital variable (V). El valor total de una mercancía está compuesto de capital constante, de capital variable y de la plusvalía, o sea: C+V+Pv.

 

Trabajo necesario y plustrabajo

 

El trabajo efectuado por los asalariados se puede dividir en dos partes:

 
1.
El trabajo necesario. Es la parte del proceso de producción necesario para cubrir los gastos en salarios.
2.
El plustrabajo (o trabajo impagado). Es el trabajo efectuado de más del trabajo necesario, y que produce el beneficio.

Para incrementar sus beneficios, el capitalista busca siempre reducir la parte de los gastos de los salarios. Por eso se esfuerza, primeramente, en alargar la jornada de trabajo; en segundo lugar en aumentar la productividad (lo que permite cubrir más rápidamente el coste de los salarios). Y en tercer lugar, se opone a todo aumento de los salarios y, cuando se presenta la ocasión, no duda en reducirlos.

 

La tasa de beneficio

 

En la medida en que el objetivo de la producción capitalista es extraer plusvalía del trabajo de la clase obrera, la relación entre el capital variable (los salarios) y la plusvalía (los beneficios) es de gran importancia. El crecimiento de uno de estos dos valores no puede hacerse si no es en detrimento del otro. En última instancia, el aumento o la reducción de la parte de la plusvalía constituyen el elemento esencial de la lucha de clases bajo el capitalismo. Es la lucha por el reparto, entre los salarios y el beneficio, de las riquezas creadas.

Lo que importa al capitalista, no es tanto el incremento de la plusvalía si no de la tasa de esta plusvalía. Por cada euro de capital que se invierte, se espera que vuelva la  más grande cantidad posible. La tasa de la plusvalía es la tasa de la explotación del trabajo por el capital. Podemos definirla como Pv/V, donde Pv es la plusvalía y V el capital variable – es decir por la relación entre el plustrabajo y el trabajo necesario.

Por ejemplo, en una pequeña empresa, supongamos que tiene un capital global de 500 euros que se divide entre el capital constante (400 euros) y el capital variable (100 euros). Pongamos que a través del proceso de producción, el valor de las mercancías ha aumentado 100 euros.

 

Así: (C+V)+Pv=(400+100)+100=600 euros.

 

Es el capital variable que es el trabajo vivo el que produce nuevo valor (la plusvalía) Así, el incremente relativo del valor producido por el capital variable nos da la tasa de la plusvalía: Pv/V=100 euros/100 euros, o sea una tasa de plusvalía de 100%.

 

La caída tendencial de la tasa de beneficio

 

Bajo la presión de la competencia nacional e internacional, los capitalistas están constantemente obligados a revolucionar los medios de producción y de incrementar la productividad. La necesidad de crecer les obliga a consagrar una parte cada vez mayor de su capital en las máquinas y en las materias primas, y una parte cada vez menor a la fuerza de trabajo, lo que hace disminuir la proporción de capital variable en relación al capital constante. Con la automatización y tecnología industrial viene la concentración del capital, la liquidación de las pequeñas empresas y el dominio de la economía por grupos gigantescos. Esto representa una modificación de la composición técnica del capital.

Pero en la medida en que solamente el capital variable (la fuerza de trabajo) es la fuente de plusvalía (beneficio), el aumento de inversión en el capital constante desemboca en una tendencia a la baja de la tasa de beneficio. Con nuevas inversiones, los beneficios pueden crecer enormemente, pero este crecimiento tiende a ser menos importante que el de las inversiones.

Tomemos por ejemplo un pequeño capitalista que dispone de un capital global de 150 euros que se dividen en 50 euros de capital constante y de 100 euros de capital variable. Emplea a 10 hombres en fabricar sillas y mesas por 10 euros la jornada.

 

Así:

 

Capital variable (salarios) o V: 100 euros

 

Capital constante (máquinas, equipos) o C: 50 euros

 

Plusvalía (beneficio) o Pv: 100 euros

 

La tasa de plusvalía puede así ser calculada: Pv/V=100/100=100%. La tasa de beneficio, es el cociente entre la plusvalía y el capital global. En nuestro ejemplo, la tasa de beneficio es pues: plusvalía (Pv)/capital global (C+V)=100 euros/150 euros=66,6%.

Aumentando la parte del capital constante, la tasa de beneficio baja. En el mismo ejemplo, manteniendo la misma tasa de plusvalía, si pasamos el capital constante de 50 a 100 euros, tenemos una tasa de beneficio de: Pv/(C+V)=100 euros/200 euros=50%. Si aumentase hasta 200 euros el total de capital constante, manteniendo por igual el resto, tenemos: Pv/(C+V)=100 euros/300 euros=33,33% de tasa de beneficio. Y así en adelante.

A propósito de este aumento de capital constante, los marxistas hablan de “aumento de la composición orgánica de capital”, y consideran este desarrollo de las fuerzas productivas como un fenómeno progresista. Esta tendencia está pues anclada en la naturaleza misma del modo de producción capitalista, y ha sido uno de los problemas mayores al que los capitalistas han tenido que hacer frente durante el periodo posterior a la guerra. La masa de plusvalía aumenta, pero el aumento del capital constante es proporcionalmente más importante. Dando como resultado una caída de la tasa de beneficio. Los capitalistas no han cesado de probar a superar esta contradicción mediante el incremento de la explotación de los trabajadores – lo que aumenta la masa de plusvalía y en consecuencia la tasa de beneficio – por otros medios de inversión. Para hacerlo han incrementado la intensidad de explotación de diversas maneras, por ejemplo aumentado la velocidad de las máquinas, aumentando la carga de trabajo de cada asalariado o alargando la jornada de trabajo. Otra manera de restaurar la tasa de beneficios consiste en llevar los salarios de los trabajadores por debajo de su valor nominal (mediante la devaluación de la moneda, por ejemplo).

Las leyes mismas del sistema capitalista generan enormes contradicciones. La carrera hacia el beneficio a la que se libran continuamente los capitalistas da un impulso a la inversión, pero la introducción de nuevas tecnologías aumenta el paro. No obstante, paradójicamente, la única fuente de beneficio reside en el trabajo de los asalariados.

 

La exportación de capital

 

El estado supremo del capitalismo – el imperialismo – se caracteriza por una exportación masiva de capital. La búsqueda de tasas de beneficio más grandes pone a los capitalistas a invertir enormes sumas de dinero en el extranjero, en los países donde la composición del capital es más débil. Finalmente, como lo previó Marx y Engels en el Manifiesto Comunista, el modo de producción capitalista ha acabado por extenderse en el mundo entero.

Una de las mayores contradicciones del capitalismo reside en el problema evidente que la clase obrera, en tanto que consumidora, debe poder re-comprar lo que ella misma ha producido. Pero en la medida que ella no recibe, en forma de salario, el pleno valor de su trabajo, no tiene lo medios para hacerlo. Los capitalistas intentan resolver esta contradicción reinvirtiendo la plusvalía en las fuerzas productivas. Se esfuerzan igualmente en vender su excedente al mercado mundial, en competencia con los capitalistas de otros países. Pero hay límites a esto, pues todos los capitalistas del mundo se libran al mismo juego. Al fin, los capitalistas animan al crédito, a través del sistema bancario, con el fin de aumentar artificialmente el poder de compra de la población y estimular así la venta de mercancías que, de otra manera, no habrían encontrado comprador. Pero esto también tiene sus límites, los créditos deben finalmente reembolsarse – con una prima de intereses.

Esto explica porque, periódicamente y de manera regular, las fases de crecimiento son seguidas por periodos de recesión. Lo que caracteriza la época actual, la crisis orgánica que golpea el sistema capitalista. Si el capitalismo no es erradicado, en un cierto estadio, la clase obrera hará frente a una crisis del tipo de la de 1929. La humanidad no puede evitar el caos, el despilfarro masivo y la barbarie inherentes del capitalismo más que derribando este sistema anárquico. Eliminando la propiedad privada de los medios de producción, la sociedad podrá escapar a las leyes del capitalismo y desarrollarse de una manera racional y planificada. Las gigantescas fuerzas productivas acumuladas en el contexto del sistema capitalista permitirán acabar de una vez por todas con el escándalo de las crisis de sobreproducción en mundo asolado por el hambre y las penurias. La eliminación de la contradicción entre, por una parte, el desarrollo de las fuerzas productivas, y, por otra parte, el Estado-nación y la propiedad privada de los medios de producción, pondrán las bases de una planificación internacional de la producción.

Sobre la base del socialismo, gracias a la ciencia y a la tecnología moderna, el mundo entero podrá ser transformado en el espacio de una década. La transformación socialista de la sociedad es la tarea más urgente de la clase obrera mundial. Una comprensión de la teoría económica de Marx constituye un arma indispensable en la lucha por el socialismo en Europa y en el mundo entero.

 

Alan Woods

Rob Sewell

 
(1)
En su época, una de las reivindicaciones principales de los reformistas de izquierda en el Partido Laborista llevaba a la restricción de las importaciones a fin de “proteger la industria británica” y los “empleos británicos”. La tendencia marxista en el partido y los autores de este documento no aceptaron esta reivindicación de connotaciones nacionalistas, y explicaron que provocaría inevitablemente medidas de represalia de parte de los países afectados.

 

 
(2)
“trabajadores sin propiedad”: se trata evidentemente de la propiedad de los medios de producción, y no de bienes consumibles, casa, coches, etc.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Darrera actualització de dimecres, 27 de juny de 2012 12:23